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Elecciones gallegas 2009. La decepción con el bipartito devuelve la Xunta al PP PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lucas Picó · Compostela   
Lunes, 09 de Marzo de 2009 05:47

En 2005, la izquierda conseguía desalojar de la Xunta de Galicia al PP, encabezado por el mismísimo Manuel Fraga. Ahora, solamente cuatro años más tarde, el PP recupera la Xunta. Y esto con una participación histórica: el 70'46%, tres puntos porcentuales más que en 2005. Estaba generalmente aceptado que una participación alta favorecía a la izquierda y una participación baja, a la derecha. Ahora ocurrió lo contrario. ¿Qué explicación tiene?

En 2005, la izquierda conseguía desalojar de la Xunta de Galicia al PP, encabezado por el mismísimo Manuel Fraga. Ahora, solamente cuatro años más tarde, el PP recupera la Xunta. Y esto con una participación histórica: el 70'46 %, tres puntos porcentuales más que en 2005. Estaba generalmente aceptado que una participación alta favorecía a la izquierda y una participación baja, a la derecha. Ahora ocurrió lo contrario. ¿Qué explicación tiene?

Finalmente, la onda decepción con un bipartito que nada cambió, hizo realidad la perspectiva que parecía menos probable: una vuelta del PP a la Xunta.

               2009        %       Escaños               2005            %         Escaños               diferencia en votos

PP        760.591    47,1       39                       704.202       44,9       37                             56.389

PSOE   483.357    29,9       24                       509.340        32,5       25                           -25.983

BNG      267.631   16,6       12                       307.249        19,6       13                            -39.618

 

Si en 2005 la izquierda aventajó a la derecha en más de 100.000 votos, ahora la derecha -sin llegar a los niveles de 2001, cuando le sacó a la izquierda más de 80.000 votos- ganó por 10.000. La prensa burguesa, por supuesto, procura desanimar a la clase trabajadora: si en 2005 calificaron como "pírrica" la victoria de la izquierda por 100.000 votos, ahora hablan de una "victoria aplastante del PP", a pesar de que la diferencia es la décima parte y de que el PP no consigue la mayoría absoluta de los votos, que fue lo habitual en la "era Fraga".

¿De dónde proviene el aumento de apoyo electoral al PP?

En las zonas rurales, el PP ha retrocedido ligeramente, pero donde sí aumentó de forma significativa fue en las ciudades, especialmente en Coruña y Vigo. Pero los datos demuestran que ese aumento no provino de un trasvase de voto obrero a la derecha, sino de las capas medias urbanas.

La naturaleza de las capas medias las hace oscilar permanentemente entre la gran burguesía y la clase obrera. En el último lustro, y a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de las autonomías, un sector de las capas medias urbanas gallegas giraron, en gran medida, hacia la izquierda. Un cuarto de siglo de gobiernos de la derecha y el impacto de la profunda movilización social de la clase trabajadora y la juventud gallegas (LOU, Prestige, guerra de Irak, etc.) empujaron a estos sectores a votar al PSOE o al BNG, lo que llevó a la derrota de Fraga y la formación de la Xunta bipartita en 2005.

Una política decidida por parte del bipartito, atacando los beneficios de los grandes capitalistas, garantizando el empleo, facilitando créditos baratos, etc.,  hubiese fortalecido el apoyo a la izquierda entre los trabajadores y atraído todavía más a las capas medias. Pero su política fue justamente la contraria. Nada cambió en esencia, el bipartito suspendió la prueba de la práctica, apareciendo como totalmente continuista, con el mismo discurso que el PP sobre la necesidad de apoyar a los empresarios porque "son los que pueden crear empleo y riqueza en Galicia", con la misma política de privatización de los servicios públicos, incluso algunas de sus formas se parecieron enormemente a las de los tiempos de Fraga. A esta frustración se le añadió la crisis económica. La incertidumbre, el miedo ante el futuro y las sombrías perspectivas despertaron los instintos más conservadores de las capas medias. Aunque esto volverá a cambiar en el futuro, ahora le devolvieron la Xunta al PP. También cabe destacar que el PP contó con la inestimable ayuda de la prensa burguesa, que participó activamente en la campaña sucia del PP, pero no es menos cierto que esto no hubiese sido posible si los dirigentes de la Xunta no anduviesen cortejando a los empresarios gallegos.

El voto de la clase obrera

La clase obrera gallega se ha sentido enormemente frustrada, e incluso enfadada, con el bipartito. Todas las expectativas de mejora se vinieron abajo. En estos cuatro años asistimos a un gran divorcio entre la actuación de la Xunta bipartita y las preocupaciones y problemas cotidianos de las familias obreras.

Los debates estrella, que llenaron las primeras planas de la prensa del país, fueron: el estatuto de autonomía (donde la polémica fue si incorporar o no en su prefacio la frase "Nación de Breogán"); el reparto del negocio eólico entre diferentes empresarios, y la constitución o no de una "comisión de seguimiento" de las obras del AVE en Galiza. Como es fácil de adivinar, las preocupaciones de los trabajadores se hallaban a años luz de estos fascinantes temas de alta política.

Incluso durante la campaña electoral, los mítines insulsos de los dirigentes del PSdeG y BNG fueron incapaces de conectar con la honda preocupación de nuestra clase social ante el futuro, los despidos, el paro, el deterioro de los servicios públicos... Ni Touriño ni Quintana hablaron el lenguaje de los trabajadores ni conectaron, por poner un ejemplo, con la profunda indignación que existe ante el trasvase de fondos públicos a manos de los banqueros. Su política procapitalista, más allá de las buenas o malas intenciones, no le ofreció nada a la clase obrera.

Los síntomas del profundo malestar con el bipartito se fueron expresando durante toda la legislatura: desafiliaciones públicas de dirigentes de la CIG al BNG, críticas durísimas de los sindicatos de clase a las políticas privatizadoras, dos grandes manifestaciones de izquierdas contra la política de la Xunta convocadas bajo el revelador lema de "Galicia no se vende", el voto nulo en estas elecciones se duplica respecto a las anteriores... La frustración fue mayor entre los votantes nacionalistas, que veían a los dirigentes del BNG como los garantes de una política genuinamente de izquierdas.

Aunque el 1 de marzo la clase obrera gallega votó de forma muy mayoritaria a la izquierda, también se abstuvo por encima de la media. Si la participación general aumentó fue por una elevadísima movilización electoral de las capas medias.

A Coruña y Vigo

Las dos principales ciudades de Galicia, Vigo y Coruña, fueron la clave para la victoria del PP. En ambas se reflejan todas las tendencias electorales que hemos descrito.

En 2005, el aumento de la participación electoral en los barrios obreros de estas dos ciudades fue muy importante para la victoria de la izquierda. En esta ocasión, el trasvase del voto de las capas medias hacia el PP -sumado a su mayor participación electoral- y el aumento de la abstención en los barrios obreros produjeron el efecto contrario.

En Coruña, el PP obtiene 10.000 votos más que en 2005 y la izquierda pierde 18.400. Un alto porcentaje del voto de izquierdas no se traslada a la derecha (incluso teniendo en cuenta el voto a UPyD), sino que va a la abstención. El grueso del avance del PP se produce en los distritos 1 y 3 (los distritos de la pequeña burguesía), en los que consigue 4.100 votos más que en 2005. Por su parte, en Monte Alto, bastión tradicional de la izquierda, el PSOE baja del 44% al 36% y el BNG del 25'3% al 16%. El siguiente cuadro, que muestra algunas mesas electorales de Monte Alto donde la izquierda saca muy buenos resultados, refleja también el comparativamente alto grado de abstención entre la clase obrera.

 

PSdeG + BNG       abstención         Mesa electoral

                 57%       37,2%                02-010-B

                 58%       41,4%                02-013-U

                 59%       43,7%                02-019-U

 En Vigo, se produce el mismo fenómeno: participación masiva en las zonas de residencia de las capas medias y abstención comparativamente mucho mayor en los barrios obreros.*

Zona obrera                            PSOE+BNG        Abstención        Mesa

Lavadores                                  63%                  35,70%            07-036-A

Teis                                           64,50%             40,30%            06-011-A

Teis                                           58,80%             37,70%            06-003-A

Zona capas medias                     PP                     Abstención        Mesa

Policarpo Sanz                           68,20%            26,20%              1-004-A

Policarpo Sanz                            62%                24,30%              1-012-U

Conclusiones

El retorno de la derecha a la Xunta es una muy mala noticia para los jóvenes y los trabajadores. Los ataques a nuestros derechos, al idioma, a los gastos sociales y a nuestras condiciones laborales no se harán esperar, y menos en un momento de crisis económica tan profunda como la actual. En su primera rueda de prensa como presidente electo, Feijoo ya anunció la privatización de los servicios sociales.

Pero el PP no se va a encontrar un camino asfaltado: la clase obrera gallega está muy movilizada. El profundo malestar en la base de la sociedad lleva tiempo expresándose: a las masivas movilizaciones de los últimos años le ha seguido una oleada huelguística. En 2006, las jornadas perdidas por huelga aumentaron un ¡¡¡1.477%!!! Respecto a 2005. Y en 2007, aumentaron un 147% respecto a 2006.

La responsabilidad de que la clase obrera no votase masivamente el 1 de marzo recae, única y exclusivamente, sobre los dirigentes del PSdeG y del BNG, que fueron incapaces de aprovechar el ambiente extraordinariamente favorable. Pero la indiferencia e incluso, en algunos casos, el abierto desprecio hacia los dirigentes del PSdeG y BNG no significa apatía. Como en el resto del Estado, entre un sector significativo de los jóvenes y los trabajadores existe un sentimiento anticapitalista más o menos consciente y una predisposición a organizarse para luchar contra este sistema.

* Por supuesto, esta relación entre barrio obrero, voto a la izquierda y abstención no se repite matemáticamente mesa por mesa, pero esta muestra sí expresa la tendencia general.

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