México: Tras el Paro Nacional del 11 de noviembre. Hacia una mayor unidad del movimiento obrero
escrito por Luis Enrique Barrios
lunes, 14 de diciembre de 2009
El 11 de noviembre pasado
se vivió una de las jornadas de lucha sindical más trascendente en varios años
de historia en México. El Paro Nacional movilizó a trabajadores de diferentes
gremios, a académicos y estudiantes de distintas universidades, a organizaciones
vecinales y campesinas e incluso a un sector de la comunidad de artistas e
intelectuales. Si bien dicha jornada de lucha tuvo como epicentro la ciudad de
México, las movilizaciones y manifestaciones de descontento se extendieron a 29
de los 32 estados del país, para mostrar el rechazo al "sabadazo", , según el
periódico La Jornada en su edición del
12 de noviembre.
En cada una de esas movilizaciones
hubo manifestaciones de repudio en diferentes magnitudes contra el "sabadazo", término
con el que popularmente se conoce la noche del sábado 10 de octubre cuando,
como ladrón al amparo de la oscuridad,la militarizada Policía Federal tomó bajo las órdenes de Felipe
Calderón, presidente espurio de México, las instalaciones de la empresa
paraestatal Luz y Fuerza del Centro (LyFC) con el fin de aplicar el decreto de
extinción que justifica su cierre y el despido de mas de 40 mil trabajadores
organizados en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)
¿Qué significa la extinción de LyFC?
En 1960 la industria
eléctrica es nacionalizada derivando ello en la existencia de dos poderosas
empresas paraestatales, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y LyFC, por
medios de las cuales el monopolio de la producción y distribución de la
electricidad queda bajo el control del Estado. Al igual que la nacionalización
del petróleo en 1938, esta medida del régimen expresaba el carácter nacionalista
y populista del Estado, pero al mismo tiempo también expresaba uno mas de los
diferentes resultados tras de décadas de profundas luchas obraras y sociales,
mis que tendrían un peso bastante significativo en la política de
nacionalizaciones.
La crisis del
capitalismo, la cual se va a expresar de una forma particularmente aguda en los
años ochenta por medio de la llamada crisis
petrolera y de la deuda externa
de 1982, derivaría en el gradual pero acelerado colapso del viejo modelo del
Estado benefactor inaugurándose de este modo, siguiendo los dictámenes del FMI
y el BM, una nueva estrategia de la burguesía mexicana en la cual el Estado
implementaría una feroz política de recortes al gasto público, elevación de
impuestos y privatizaciones.Aún en
1984, dos años después de estallada dicha crisis económica, el gobierno federal
era propietario de poco más de mil 150 empresas de todo tipo; hoy en día esa
cantidad se aproxima a las 100 empresas publicas. La privatizaciones dejaron
cuantiosas sumas al Estado (tan sólo entre 1988 y 1993 bajo el gobernó de
Carlos Salinas dicha cantidad ascendió a los 23 mil 731 millones de dólares) mismas que en su mayoría fueron empeladas para amortizar la deuda externa
además de permitir nuevos y jugosos negocios para la burguesía, tales como
Teléfonos de México cuya privatización a favor de Carlos Slim creo una
magnifica base material para que este empresario se lanzara en búsqueda de más
fortunas hasta transformase en uno de los hombres mas ricos del planeta.
A pesar de la radical
política de privatizaciones de las últimas tres décadas, los distintos
gobiernos de la burguesía, unas veces frenado por las masas en las calles (el
ejemplo más destacado es la lucha del SME que en 1999 impidió la privatización
de la electricidad) y otras veces ante el temor a la reacción de los
trabajadores, no pudo dar ese paso definitivo en el sector energético, consolándose
con darle cabida al sector privado sin que ello significara la privatización
completa de Petróleos Mexicanos (Pemex), Comisión Federal de Electricidad (CFE)
y Luz y Fuerza del Centro (LyFC). Este camino de pequeñas reformas iniciado por
Salinas se profundizó con los años a tal grado que, a pesar de no estar
privatizada la industria eléctrica, permitió que la participación del sector
privado en la generación de electricidad evolucionara a lo largo del gobierno
de Vicente Fox (2000-2006) hasta aproximadamente el 30% de la demanda del
consumo nacional. Pero la burguesía nuca se sintió satisfecha, exigiendo todos los días ir
a fondo hasta lograr una privatización plena y total de la electricidad. Fox no
pudo cumplir este anhelo y ahora Calderón, a medio camino de su mandato, a ojos
de una burguesía sumamente agobiada por la actual crisis económica, interviene
con el "sabadazo" es un intento especialmente enérgico del régimen por cumplir
las expectativas de los capitalistas.
Pero las intenciones de
Calderón y de la burguesía no paran ahí: el "sabadazo" también es la
destrucción de uno de los mejores y más importantes Contratos Colectivos de
Trabajo (CCT) plagado de importantes y envidiables prestaciones laborales. El
CCT de LyFC, de cara a los intereses de la burguesía, tenía que ser destruido
por oneroso, pero particularmente por el mal ejemplo que este representaba para
el resto de la clase trabajadora.
Pero yendo aún más lejos
de esas motivaciones de carácter económico, muy importantes por supuesto para
los burgueses y el Estado, el "sabadazo" también persigue objetivos políticos:
tratar de borrar del mapa, de una vez por todas, de la lucha de clases al SME, sindicato
con una añeja tradición de lucha, que lo
presenta como un serio obstáculo en el camino de las privatizaciones restantes,
entre ellas, PEMEX, la joya de la corona. Calderón y la burguesía para dar ese
paso ven como una condición previa destruir al SME, pero también como un medio
que pueda tener un efecto desmoralizante sobre el conjunto de la clase obrera a
tal grado que la haga presa fácil de toda clase de ataques. Producto de la
crisis económica, desde hace meses los empresarios han estado insistiendo en la
necesidad de abaratar aun mas la mano de obra mexicana y Calderón pretende
facilitarles esta tarea por medio de las implicaciones que en un momento dado
podría tener sobre la clase trabajadora una derrota sobre el SME.
"Aquí se ve la fuerza del SME"
La anterior es una
consigna histórica y la más coreada por los electricistas cada vez que salen a
las calles. El "sabadazo" provocó una reacción inmediata y muy militante por
medio de movilizaciones de miles de trabajadores en diferentes puntos del país
y no solo electricistas. Esta decisión de la clase trabajadora por intentar
revertir el ataque a LyFC y al SME, quedó nuevamente ratificada en la magnífica
movilización del 15 de octubre que tan sólo en el Ciudad de México lanzó a las
calles aproximadamente a medio millón de personas. Esta respuesta masiva
demostró que el ataque contra el SME es interpretado por amplias capas de la
clase trabajadora como algo que tiene más trasfondo y la antesala de una nueva
ofensiva bastante ambiciosa contra los derechos laborales; pero no solo los
trabajadores han sacado esa conclusión, sino también miles de estudiantes ven
seriamente amenazadas a las universidades públicas.
Este sentimiento de
unidad de clase y el fuerte deseo por frenar a Calderón fue el que motivó la
participación no sólo de diferentes sindicatos, sino además la incorporación a
la lucha de dirigentes y amplios contingentes del PRD, del PT, además del
principal dirigente de masas en la actualidad, López Obrador (AMLO); también es
importante destacar, por las implicaciones políticas que expresa, la
participación de la priísta Confederación Nacional Campesina (CNC).
La respuesta demostrada
tras el "sabadazo" creó una base bastante favorable para Paro Nacional
convocado para el 11 de noviembre. Durante ese día, no sólo fue cercada la Ciudad de México, al cerrar
los trabajadores durante algunas horas los cinco puntos de acceso que la
conectan con el resto del país, sino que además hubo movilizaciones en un
sinfín de avenidas y calzadas del DF.
Además, como no sucedía
desde 1968, por primera vez se paralizó al unísono todo el sistema de
universidades públicas del México DF, lo cual, dado sus enormes dimensiones
(tan sólo la UNAM
aloja alrededor de 290 mil estudiantes) es por sí mismo muy significativo. Es
destacable el profundo sentimiento de unidad demostrado, nuevamente, por la
clase trabajadora y la juventud.
El 11 de noviembre, el
tema central de conversación de gran parte de los trabajadores de este país fue
el SME, su lucha y el paro nacional. La propaganda activa, y con hechos, sobre
la forma en que debe luchar la clase trabajadora jamás en décadas se había
visto tan favorecida y con tanta magnitud. Las implicaciones políticas que esto
tiene sobre la conciencia de la clase trabajadora en un país cuya última huelga
general se desarrolló en 1916, hacen del pasado Paro Nacional un acontecimiento
de especial relevancia para la historia contemporánea del movimiento obrero
mexicano.
Ahora, debido a ello, la
cuestión de una huelga general está más implícita que nunca en la situación. La Asamblea Nacional de la
Resistencia Popular en la cual participan al lado del SME
decenas de sindicatos más y otras organizaciones populares, en su reunión del
20 de noviembre acordó formar consejos nacionales y estatales que organicen una
huelga nacional para las primeras semanas de 2010. Definitivamente ese es el
rumbo a tomar para luchar contra la política de Calderón. No obstante, hay que señalar
que una de las tareas más importantes que se tienen que fijar dichos consejos
es la de lanzar una intensa labor de agitación entre los obreros industriales
cuyos sindicatos en su gran mayoría están bajo el control de los dirigentes charros afiliados a PRI. Es necesario
romper el cerco impuesto por estos dirigentes y dar un programa de acción
concreto a esta capa de trabajadores para que se integre a la lucha y a la
convocatoria de la huelga general. De lograrse ese paso la balanza se inclinará
con mucha más fuerza a favor del SME y del movimiento obrero. Calderón pude ser
derrotado.