Los titulares de prensa sobre la espectacularidad del crecimiento
económico chino han sido desplazados temporalmente por el estallido de
varias huelgas en el país asiático. Un articulista del Financial Times1
escribía al respecto: "Los trabajadores itinerantes de China, conocidos
como ‘fábricas sin humo', muestran por fin algo de ardor". Esta velada
crítica a la "falta ardor combativo" del proletariado chino, tiene un
punto débil, obvia los enormes obstáculos a los que se enfrenta la clase
obrera de la llamada fábrica del mundo. Junto a las embrutecedoras
condiciones de explotación, que están llevando a un número significativo
de obreros al suicidio, los trabajadores chinos, soportan la losa que
supone la burocracia estalinista y procapitalista del PCCh al frente del
régimen. No hay que olvidar que todavía hoy, el artículo 1º de la
Constitución proclama que: "La República Popular de China es un Estado
socialista encabezado por la clase obrera sobre la base de una alianza
obrero-campesina".
El gobierno opta por la represión militar contra los ‘camisas rojas'
El 19 de mayo el ejército tailandés asaltaba el campamento "rojo" que desde hacía más de 3 semanas habían levantado miles de "camisas rojas" en el corazón financiero del país y principal centro comercial de la región. El campamento, formado por miles de campesinos y pobres urbanos procedentes de todo el país, era un ejemplo de la profunda división de clase que hay detrás de estas movilizaciones. Miles de oprimidos acampados en tiendas de campaña, muchos con banderas del Che Guevara y banderas rojas, en medio de exclusivos comercios y hoteles de cinco estrellas.
La clase trabajadora nepalesa demuestra una vez más su
fuerza al llevar a cabo una nueva huelga general, la segunda en cinco meses;
tras la convocatoria de huelga general indefinida del Partido Comunista
Unificado de Nepal (PCUN, de orientación maoísta), los trabajadores salen a las
calles en intensas jornadas de mítines, marchas e incluso enfrentamientos con
la policía y el ejército. La situación tan tensa que se vive en este país ha
llegado al grado de "preocupar" a los organismos internacionales como la ONU y
la UNICEF, y a los Estados Unidos, quienes ven en la clase trabajadora nepalesa
un peligro para la burguesía y sus agentes en el gobierno.
Desde hace semanas Tailandia es
noticia por el movimiento de los llamados "camisas rojas". En Bangkok,
desde
principios de marzo cada fin de semana ha habido manifestaciones en las
que han
participado entre 100.000 y 150.000 personas.
Durante este fin de semana de carnavales, la OTAN anunciaba
el lanzamiento de una ofensiva sobre reductos talibanes en Afganistán. Esta
ofensiva es consecuencia directa de la conferencia del pasado 28
de enero que se reunió en
Londres con representantes de 70 países. El loable fin
que guiaba a jefes de estado y ministros encabezados por Gordon Brown y Hilary
Clinton era conseguir la paz en Afganistán y dar los pasos finales hacia la resolución militar del conflicto. El camino hacia la paz armada
que Estados Unidos y el resto de potencias ha llevado a cabo en Oriente
Medio ha supuesto un enorme esfuerzo
económico. En primer lugar presupuestario: se estima que la guerra en Irak y Afganistán
el gobierno norteamericano lleva gastado 3 billones de dólares. El gasto
individual de mantener un soldado en la zona anualmente cuesta cerca de un millón
de dólares. Por eso hacía falta que el resto de países aportará dinero y
hombres para una nueva vuelta de tuerca
para conseguir la ansiada paz imperialista.
Las experiencias pasadas de los
maoístas nepaleses, y el fracaso de sus intentos por llevar a cabo una
revolución por "etapas" ha conducido a un debate interno en el que algunos de
sus líderes han concluido que el "camino nacional" no ha producido los
resultados deseados y que lo que se necesita es una posición internacionalista.
Las fuerzas de la OTAN dirigidas
por EEUU en Afganistán están librando una guerra imposible de ganar. Esta
realidad comienza a calar en la conciencia de millones de personas en occidente
que ahora se oponen a la guerra. Pero también en Afganistán hay síntomas de que
la gente corriente está cansada tanto de las fuerzas de ocupación imperialistas
como de los talibán. La única alternativa a la barbarie actual es la lucha por
una federación socialista del Sur de Asia, que incluiría a un Afganistán
socialista.
Para los marxistas la revolución china fue el segundo gran
acontecimiento de la historia humana, sólo después de la revolución bolchevique
de 1917. Millones de seres humanos, que hasta ese momento habían sido las
bestias de carga del imperialismo, rompieron el yugo humillante del
imperialismo y el capitalismo, entrando en el escenario de la historia mundial.
Hace sesenta años de la proclamación de la República Popular de China tras una tremenda revolución campesina que se extendió durante años y culminó con la liquidación de los restos del feudalismo agrario y las relaciones de propiedad burguesas. La revolución china supuso un golpe devastador para los terratenientes y capitalistas chinos y, por supuesto, para el imperialismo occidental, al tiempo que una inspiración para millones de explotados de las colonias y en los países avanzados. A pesar de que la revolución china constituyó un acontecimiento histórico para la liberación de cientos de millones de esclavos modernos, seis décadas después, el largo proceso de reformas económicas y políticas pilotado por la dirección estalinista del mal llamado Partido Comunista de China (PCCH), ha liquidado las bases de la economía planificada y abierto de par en par las puertas para la restauración capitalista.
En agosto estalló una huelga en
la Hunan Coal Industry Group contra las exigencias de los empresarios que
formaban parte de los preparativos de privatización de las minas. Varios miles
de mineros de la empresa el 22 de agosto fueron a la huelga en contra de los
planes de privatización. El movimiento comenzó después de las triunfantes
luchas contra la privatización de los trabajadores del acero en Jilin, en
julio, y Henan, en agosto.
Se conmemora ahora el 60º aniversario de la revolución china de 1949 y a continuación publicamos tres textos. El primero se trata de un artículo de Ted Grant, fundador de la Corriente Marxista Internacional, fallecido en 2006, que fue escrito en enero de 1949, meses antes de la toma del poder en China por parte del Ejército Rojo dirigido por Mao Tse Tung. Ted Grant anticipa brillantemente el rumbo que tomaría la revolución china después de la llegada al poder de Mao, el establecimiento de un Estado obrero deformado burocráticamente, así como el enfrentamiento que surgiría entre las burocracias estalinistas de la URSS y China. El segundo texto es un artículo de Bárbara Areal publicado en el número 17 de la revista 'Marxismo Hoy', revista teórica de la Fundación Federico Engels, en el que no sólo trata la revolución de 1949, sino también la frustrada revolución de 1927. Y por último, publicamos un texto de la CMI donde se analiza todo el proceso de restauración capitalista que se ha producido en China durante los últimos años.
Durante décadas Japón fue considerado un modelo de estabilidad social,
política y económica. El desempleo era un fenómeno prácticamente
desconocido, los trabajadores tenían garantizado su puesto de trabajo
para toda la vida y desde 1955, exceptuando un período de once meses,
había estado en el gobierno el mismo partido político, el Partido
Democrático Liberal (PDL). Toda esta "tranquilidad" acabó a principios
de la década de los noventa con una recesión económica que duró más de
diez años, la "década perdida". Cuando la economía se recuperó llegó la
actual crisis económica mundial y Japón entró el año pasado de nuevo en
recesión.
En octubre se cumplen ocho años del inicio de la guerra en Afganistán y
los imperialistas no han conseguido ni uno solo de sus objetivos,
pretendían acabar con los talibanes y hoy, de nuevo, éstos controlan
una parte importante del país y la inestabilidad se ha extendido al
vecino Pakistán.
Recientemente el primer ministro Taro Aso disolvió el parlamento japonés y convocó elecciones para el 30 de agosto. Todo apunta a que el partido gobernante, el burgués Partido Democrático Liberal (PDL), perderá el poder por primera vez desde 1955, excluido un período de diez meses a principios de los años noventa. Los observadores de derechas hablan ahora de una “revolución política” en Japón.
El impulso para consolidar el capitalismo en China ha provocado un profundo malestar industrial entre la clase obrera del país. En las últimas semanas hemos presenciado violentas luchas obreras contra la privatización de dos acerías.
La crisis del capitalismo está creando unas condiciones espantosas para los trabajadores en países como Bangladesh. Lo sucedido recientemente en la industria textil es sintomático. Después de meses de no cobrar los salarios, los trabajadores han pasado a la ofensiva y debido a la desesperación han tomado medidas extremas.
Dos compañeros del PTUDC (Campaña por la Defensa de los Sindicatos Pakistaníes) han sido detenidos ilegalmente mientras repartían panfletos a las afueras de Steel Pakistan en Karachi. Han sido golpeados y sometidos a tortura por parte del personal de seguridad, actualmente están en comisaría. El PTUDC está exigiendo su liberación y pide la solidaridad de los trabajadores de todo el mundo.
A continuación actualizamos la situación en los campamentos de refugiados de Swat creados por la Campaña en Defensa de los Sindicatos Paquistaníes (PTUDC en inglés). A pesar de las amenazas de las autoridades, los compañeros continúan con sus actividades, tanto de ayuda como de formación política.
El gobierno de Sri Lanka ha anunciado su triunfo sobre los Tigres Tamiles, pero eso no termina con la cuestión de los derechos del pueblo tamil. La solución está en la lucha por una Sri Lanka socialista donde se respeten los derechos de todos los pueblos, incluido el derecho a tener su propio territorio si así lo deciden los tamiles.