Durante los últimos años la idea central que la burguesía ha
transmitido a través de los medios de comunicación de masas, de sus ideólogos,
sociólogos, subrayaba que el sistema social capitalista es el fin de la historia.
Para ellos, todos los intentos de transformar la situación y de cuestionar su
poder son considerados, como mínimo, una lamentable pérdida de tiempo. Otros,
de una forma más condescendiente, en la medida en que perciben que esos
intentos aún están muy frescos en la memoria colectiva, optan por presentarlos
como actos cargados de utopía; simpáticos pero sin ninguna posibilidad de
triunfo. En ese sentido, el tratamiento que la burguesía dio y sigue dando al
Mayo del 68 francés es un extraordinario modelo de manipulación histórica. Algo
parecido ocurre con el proceso revolucionario de Chile que acabó con el golpe
de Estado de Pinochet en 1973. Pero esos acontecimientos y muchos otros -como
la Revolución de los Claveles en Portugal de 1974, la Revolución Rusa de 1917 o
la revolución española en los años treinta-, por encima de la visión
caricaturizada y simplificada que nos presenta la burguesía, fueron verdaderos
procesos revolucionarios. Eran el reflejo del cambio brusco que se produjo en
la conciencia de millones de trabajadores, jóvenes, campesinos... y que les
impulsaron, parafraseando a Trotsky, "a tomar el destino de la historia en sus
propias manos".
La idea del fin de la historia no es nueva. Siempre la
clase dominante cree que el sistema que le permite obtener sus privilegios, sus
beneficios, su prestigio es el único posible, el más justo, y que por lo tanto
es el encumbramiento del progreso humano, la realización de la sociedad ideal
tras siglos de perfeccionamiento y evolución gradual. Se olvidan u ocultan
deliberadamente que el propio sistema capitalista fue también producto de un
proceso
Desde las páginas de El Militante queremos dedicar un espacio a comentar las
ideas más sobresalientes de la economía política marxista y contrastarlas con
la situación general por la que atraviesa el capitalismo hoy. Inevitablemente
muchas consideraciones no podrán ser tratadas por falta de espacio, pero
intentaremos de forma sintética y a trazo grueso abordar las principales
cuestiones del pensamiento de Marx en este terreno.
El marxismo parte de la idea de que la "violencia es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas una nueva", que el Estado en última instancia está formado por cuerpos de hombres armados que son un instrumento de la clase dominante para la opresión de otras clases. Nunca en ningún momento hemos negado que la clase obrera, cuando se propone transformar la sociedad inevitablemente se encontrará con la resistencia de las clases poseedoras o que esta resistencia en determinadas condiciones pueda desembocar en una guerra civil.
La crisis del capitalismo mundial ha reabierto el debate sobre la regulación y el papel del Estado en la economía. Muchos nostálgicos del keynesianismo, cuyos seguidores nutren las filas de los economistas "progresistas" y la socialdemocracia, vuelven a retomar las viejas y desacreditadas ideas de un capitalismo de rostro humano y reformista. El señuelo propagandístico que más están utilizando en los últimos meses es el New Deal del presidente norteamericano Roosevelt, cuya larga sombra se proyecta en numerosos artículos de la prensa capitalista y de otra supuestamente progresista y de izquierdas. El valor del artículo de Trotsky, escrito en la coyuntura de 1936, es obvio, no solo por que analiza desde una perspectiva de clase y marxista la auténtica naturaleza del New Deal, también desvela la impostura de aquellos que apoyaron este programa de salvamento del capitalismo desde las filas del movimiento obrero.
El 4 de diciembre de 1928, meses antes del fatídico crac bursátil de otoño de 1929, el presidente de los EEUU, Coolidge, pronunció en la cámara de representantes el que sería su último mensaje sobre el estado de la Unión: "Ninguno de los Congresos de los EEUU hasta ahora reunidos para examinar el estado de la Unión tuvo ante sí una perspectiva tan favorable como la que se nos ofrece en los actuales momentos. Por lo que respecta a los asuntos internos hay tranquilidad y satisfacción (...) y el más largo periodo de prosperidad. En el exterior hay paz, y esa sinceridad promovida por la comprensión mutua..."
En los años álgidos de especulación bursátil e inmobiliaria se popularizó en la prensa especializada un término económico muy llamativo: "círculo virtuoso". Con él se quería describir el modelo de crecimiento de la última década y dar carta de naturaleza a la idea, profundamente equivocada, de que los ciclos de boom y recesión habían sido felizmente superados. Como es habitual en los periodos de grandes ganancias empresariales y financieras, la experiencia de anteriores crisis se olvidó con rapidez y no faltaron "teóricos" dispuestos a poner sus "conocimientos" al servicio de las nuevas necesidades de la propaganda capitalista1.
En la medida en que Marx no dejó escrito ningún tratado sistemático sobre la crisis -si bien toda su obra está recorrida por el análisis sobre las causas, manifestaciones y consecuencias de las mismas, en especial el libro II y III de El Capital-, algunos autodenominados "marxistas" y "socialistas", especialmente del medio académico, han intentado aproximarse a la cuestión de una manera unilateral y artificiosa, señalando uno u otro factor como el decisivo en su desencadenamiento.
La vigencia de la teoría marxista sobre las crisis capitalistas (I parte)
La crisis brutal del mercado financiero se ha transformado en una metástasis para la economía capitalista. La infección ha contagiando a un organismo que atraviesa una prolongada fase de decadencia y senectud, y que hace mucho tiempo dejó de jugar un papel progresivo en el desarrollo de las fuerzas productivas. Tras años de ilusiones y propaganda apologética, el fantasma real de la crisis y la recesión se ha presentado de imprevisto en la economía y la política mundial, amenazando con instalarse cómodamente por un periodo prolongado. En todo el mundo se habla de la crisis: en los diarios de circulación de masas; desde los gobiernos y las instituciones financieras; en las tribunas académicas y, por supuesto, en el seno de la clase obrera, en los barrios, las fábricas, los hogares... Después de años de beneficios multimillonarios, de burbujas financieras e inmobiliarias, de endeudamiento masivo y precariedad, la incertidumbre y el miedo sobrevuela el pensamiento de miles de millones de personas.
Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Basta con echar una rápida mirada a la situación de nuestro planeta ante la llegada del nuevo año para ver la corrección de esta afirmación. Crisis económica, guerras, terrorismo, convulsiones políticas, hambre, enfermedad y pobreza no son un fenómeno aislado e inconexo. Sólo son los síntomas externos de la crisis global del capitalismo.
Publicamos a continuación un texto de Ted Grant escrito en 1948, La amenaza del fascismo. Qué es y cómo combatirlo. Este artículo se encuentra entre la selección de escritos que se incluyen en el Volumen I de las Obras de Ted Grant publicadas por la Fundación Federico Engels. Creemos que es muy útil para comprender el fenómeno de las bandas fascista y cómo los jóvenes y trabajadores debemos combatirlo.
escrito por Aníbal Montoya (El Militante - Argentina)
jueves, 16 de agosto de 2007
Marx y Engels decían que la ideología dominante en una sociedad dada (es decir, las concepciones e ideas comúnmente aceptadas sobre economía, política, justicia, moral, filosofía y ciencia) representa siempre la ideología de la clase dominante en esa sociedad.
En El Militante del mes pasado abordamos el nacimiento y papel del Estado, demostrando cómo su supuesta independencia de la sociedad es más aparente que real y que el aparato de jueces, policías, Parlamento e instituciones existen para defender los intereses de la clase dominante. Una vez analizado esto ahora la cuestión es la siguiente: ¿Se puede acabar con el Estado burgués? ¿Es necesario destruirlo o se puede reformar? ¿Qué le sustituirá cuando sea abolido? Reformismo, anarquismo y marxismo han intentado responder a estas preguntas, pero sólo el marxismo ha demostrado en la práctica que su teoría del Estado es una herramienta útil para la transformación de la sociedad.
El Estado, para hacerse más eficaz como instrumento de dominación de la clase dominante, ha evolucionado históricamente en el sentido de especializar a determinadas personas en tareas exclusivas de represión, control, representación (ejército, jueces, monarquía…), es decir, separándolas de la sociedad.
Este año Ted Grant celebrará su noventa cumpleaños. Durante toda su vida consciente ha defendido firmemente las ideas del marxismo. Ha mantenido un rumbo firme y nunca, en ningún momento, se ha desviado de esta batalla, ni siquiera ha dudado de la in
Publicamos a continuación un artículo de Alan Woods publicado en 2001 en los Cuadernos de Fundación Marxista de la Fundación Federico Engels. Creemos que es necesario y clarificador de la postura que defendemos los marxistas en la cuestión de la reli
Si quienes intentan poner fecha de caducidad a la vigencia teórica del marxismo hicieran un esfuerzo de simple honestidad histórica, deberían reconocer que las fuentes de las que actualmente beben dirigentes como Blair, Schröder o Fidalgo para justif
Este artículo se publicó originalmente en 1974 con el siguiente título: El control obrero: El Partido Laborista y el TUC sólo proponen extender las viejas ideas de la ‘participación’. En aquel momento había una discusión sobre el control obrero y loq